
Mercedes Alegre y Sylvia Carrasco
¿Qué es lo que identifica en el mercado a una empresa o a un profesional? ¿Qué diferencia hay entre la imagen deseada y la percibida? ¿Qué hay que hacer para tener clara la identidad que se quiere transmitir?
Sobre todo ello tuvimos un interesante Workshops el pasado día 15 en el hotel Eurobuilding organizado por la European Professional Women´s Network. Las ponentes, Sylvia Carrasco y Mercedes Alegre, nos explicaron mediante ejercicios y ejemplos la importancia de la comunicación tanto personal como corporativa mediante el control activo de la propia identidad, y de nuestros objetivos y mensajes.
Es la imagen lo que identifica a una empresa o persona en el mercado, y esa imagen hay que construirla, pero para ello es necesario tener muy claro quienes somos, que identidad tenemos y por tanto queremos transmitir. Cuanto más clara se tenga la imagen deseada, más se podrá aproximar a la que realmente se transmite. Y la comunicación, a fin de cuentas, tiene repercusión directa sobre la cuenta de resultados.
¿Qué es la identidad? Se trata del conjunto de rasgos únicos que nos diferencian de los demás. Por tanto, esa “identidad” es necesario tenerla clara previamente, y luego, en cada acto que realicemos cara al exterior, trabajarla y poner el foco en el objetivo a conseguir para poder transmitir la imagen que deseamos. Cuanto más trabajemos la imagen que deseamos mayor probabilidad hay de que sepamos transmitirla y por tanto se nos convierta en la imagen percibida por los demás. Los pasos, pues, son tres: tener clara la identidad, tener claro el objetivo a conseguir (debe poder definirse solamente con un verbo y un complemento directo), y finalmente el mensaje, que construiremos al servicio de lo anterior.
Con estos pasos, que parecen tan sencillos, pero que requieren realmente un esfuerzo de introspección y luego de “expresión” importante, conseguimos evitar que sea el entorno quien decida quien soy, y por el contrario seré yo, (persona física o jurídica), quien lo decida.
En el caso de las compañías, son los trabajadores, todos y cada uno de ellos, los que transmiten el mensaje de la empresa. Y no sólo con las palabras, sino con todo el lenguaje corporal. Pues, contrariamente a lo que podría parecer, la palabra sólo “pesa” un 10% en nuestra comunicación, teniendo tanto el cuerpo, (más del 50%), como la voz, un mayor peso en la consecución del impacto de nuestro mensaje.
Hay que recordar que lo que transmitimos principalmente son emociones, y que principalmente lo hacemos con el cuerpo, por lo cual hay que plantearse previamente a la hora de dar un mensaje con qué cualidad o emoción lo queremos vincular (objetivo a transmitir) y cómo hacerlo: entusiasmo, ilusión, pasión. Siendo conscientes de esta realidad, simplificaremos nuestra comunicación haciéndola más efectiva.
Por otro lado, comunicamos con nuestros “hábitos”: somos lo que hacemos repetidas veces. Por eso la excelencia no es un acto, es un hábito. Pero el entusiasmo, ilusión etc que antes mencionaba sale de nuestro cerebro más básico, el límbico o emocional, que tenemos un tanto abandonado. Hay que volver sobre él y aprender a trabajarlo. Si comunicamos con el cuerpo tenso, un boli en la mano, etc, estamos desvirtuando el mensaje: nuestro cuerpo contradice nuestra palabra. Un cuerpo “abierto”, relajado, natural, consigue una comunicación directa, abierta, relajada.
Todo esto aderezado con ejercicios en vivo realizados por las asistentes, a las que se grabó en vídeo y se comentó luego, sirvió para que las presentes re-aprendiéramos una serie de nociones que teníamos olvidadas, y que luego comentamos relajadamente en el estupendo cocktail que tuvo lugar a continuación. Gracias, Julia, por tan estupenda organización.
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